El nuevo PGOU se plantea como revisión de las Normas Subsidiarias de 1993, vigentes de nuevo tras la anulación del planeamiento aprobado en 2010.
La revisión responde a circunstancias acumuladas durante tres décadas: la necesidad de restituir a la legalidad los ámbitos ejecutados conforme al planeamiento anulado, el agotamiento simultáneo del suelo residencial y del polígono industrial, y la adaptación al marco normativo urbanístico y ambiental aprobado desde entonces.
El modelo propuesto se centra en consolidar los enclaves existentes antes que en extenderlos. El crecimiento se concentra al sur del casco urbano, en continuidad con la trama consolidada, mediante cinco sectores de suelo urbanizable -tres residenciales y dos industriales-, estructurados por el desvío de la Colada del Camino del Monte de Batres, que recupera su carácter rural como pieza del espacio público; una nueva circunvalación sur que descarga de tráfico el centro; y un corredor verde continuo que amortigua el contacto entre usos residenciales e industriales. El dimensionado residencial se ajusta a las necesidades reales del municipio, evitando expectativas especulativas, y la ordenación se completa con la protección del suelo no urbanizable, la ampliación del Parque de la Dehesa y un Catálogo de Protección del patrimonio municipal.


